Sobraron las críticas y las presiones en contra del presidente / En opinión de Jesús Mier Flores

El debate público ha descendido brutalmente de nivel y ha crecido en el uso y abuso de ciertas expresiones, que sirven de tapadera de mal gusto a las frustraciones, y que desafortunadamente basta que las comisuras de los labios queden sin cubrir, para que por ahí escapen los ardores y los odios que los delatan como chafandines del análisis de derecha, porque las cosas no embonan a la medida del interés burgués al que les han hecho creer que pertenecen.

La tolerancia del actual presidente de la República y la indiferencia ciudadana que lo apoya, inteligentemente se han convertido en barriles sin fondo de lo insustancial, de la retórica de los opinócratas que se escudan en el protagonismo, para hacer pasar como crítica lo que la mayoría de las veces, son apreciaciones viscerales de quienes las señalan con la espada flamígera hacia la izquierda y la enfundan cobardemente cuando se trata de tocar a la derecha.

Ese abuso de críticas sin sustancia ni de seria intensidad, donde no se hizo ni siquiera la simulación del esfuerzo profesional, para matizar mínimamente la ética de la imparcialidad, de la que desgraciadamente carecen algunos medios, donde hicieron gala de la violencia verbal y del lucimiento de las malas intenciones de algunos comunicadores, analistas, editorialistas y hasta opinantes de banqueta, quienes guiados por el impulso de la derecha, dejaron para constancia las descalificaciones a la visita del presidente de la República.

Fue patético observar el circo que armaron algunos comunicadores en los medios electrónicos, donde se rasgaban las vestiduras, incitando a la burla y a la sospecha de las acciones y respuestas del presidente de la República.

De ahí que a nadie le quedara duda que la sospecha malévola siempre sea vendida como una marca de la inteligencia ramplona a través de la consigna: “si no trasmites la insidia y la sospecha, apoyas al adversario”.

La sospecha es negativa y su interés es castigar inquinosamente el pensamiento. De ahí que la idea de la oposición de derecha, de utilizar todos los medios a su alcance para decir que AMLO es peor que los corruptos, mentirosos, populistas y demagogos a los que estaban acostumbrados y con los que no tenían ningún problema, porque esos bailaban al son que les tocaban.

La frivolidad no tuvo ningún límite, porque no se dedicaron a profundizar, sino a denostar mediante la banalidad. Ponderando los gestos y los gustos alimentarios de AMLO. En fin la superficialidad convertida en el golpismo mediático llamando al linchamiento, a la burla y a la desconfianza. Todo, sin duda, basado en el resentimiento porque ven rotas las tradiciones del pasado, donde las filas de adelante han dejado de ser para aquellos que estaban acostumbrados a ocuparlas.

Hubo expresiones que rayaron en el reproche mediático, minimizando los compromisos presidenciales y concluyendo en el “mal sabor de boca que dejaba a los duranguenses”. Ahí hablaron por todos y eso nos da el derecho de réplica, de recordarles que el proyecto de la 4ta. Transformación no está sujeto a la opinión de unos cuantos, ya que al mandato del presidente le sobra fuerza moral y le avala su amplia legitimidad, pese al comportamiento de bandidos que se han colado, pero poco a poco solos se irán eliminando.

La derecha ahora convertida en oposición, se sigue respaldando en las opiniones fallidas del 2018: donde atacaron a morir, sin obtener nada. Ahora las descalificaciones las consideran como propuesta de sociabilidad informativa al pueblo. Se encubren en la palabra “Estado de derecho” para despotricar sin ninguna ética ni respeto para la ciudadanía que optó por un cambio de régimen.

Pero a dicho guión también le entraron los empresarios quienes se disgustaron, porque creían que la visita del presidente obedecía a darle luz verde a la libertad de hacer negocios al amparo del presupuesto y evadir impuestos. A recibir la noticia de que el ejecutivo federal no tendría empacho en endeudarse para que ellos acrecienten sus empresas y que el pueblo pague la deuda. Olvidándoseles que este poder no es del PRIAN y del que abusaban porque la mayoría carecía de legitimidad.

Los empresarios mediáticamente lanzaron su anzuelo y no le dieron la cara, porque no tienen la suficiente calidad moral para exigirle, dado que AMLO a algunos los ha estigmatizado de rapaces, ya que quién ha olvidado el Fobaproa, donde el gobierno de Zedillo y éstos que iban por su salvación, lo legitimaron para que se constituyera en deuda pública y que ahora el pueblo tenga que estar pagando 50 mil millones anualmente sólo de puros intereses.

Pero vayamos más allá: La escandalosa deuda externa de 10.5 billones, la que nos cuesta sólo de intereses 750 mil millones anualmente. Dinero que sin duda mucho se ha canalizado a la voracidad privada por sus contubernios con los gobiernos del PRIAN. De ahí sus grandes estímulos por el silencio y su condescendencia política.

Nada más, ante estos dos flagelos, que brutalmente azotan la economía del país, dónde estaban estos instigadores de oficio, que ahora lloran porque el presidente no les afloja la llave, a la que descaradamente estaban acostumbrados a tener abierta, y por eso nunca han tenido la necesidad de cuestionar a ningún gobierno del PRIAN, como aquellos que hipotecaron al país y esfumaron los excedentes petroleros.

La magnificación que hicieron del desastre los redentores del campo, resultaba natural capitalizarla, pensando que ya olvidamos la tragedia que propiciaron en sus orígenes los gobiernos prianistas, quienes otorgaron la venia a los campesinos para que malbarataran las tierra y los despojaran con la avaricia rampante los caciques neoliberales, quienes bajo el subsidio millonario cómodamente dizque las hacen producir.

Esos son los que hasta hoy se dan cuenta de la debacle y que les basta culpar y cuestionar, a quien ahora realmente pretende equilibrar los excesos de aquellos que a la sombra del poder han formado el nuevo latifundio.

Los plantones, los bloqueos de carreteras, las críticas y descalificaciones que se hicieron en el Estado de Durango, durante la estancia del señor presidente, pese a la mala leche que transpiraban, no dejan de ser acciones que legitiman la forma de un gobierno diferente, que está moviendo el tapete de los intereses de la derecha y de los liderazgos corruptos, acostumbrados a los apoyos millonarios a cambio de rendirle cuentas sólo a sus bolsillos.

Es increíble la irracionalidad de los ladinos y embusteros que ahora añoran la cultura de las instituciones deshonestas y corrompidas, donde no sólo reivindican el honor de la desvergüenza, sino la audacia de los eternos ladrones que las regenteaban.

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